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      <p>Este nuevo libro de Jos&#x00E9; Antonio Piqueras ofrece al lector un panorama de las luchas de los abolicionistas hispanos contra los abogados y promotores del esclavismo, y las confrontaciones que ambos grupos tuvieron a lo largo del siglo XIX. Como demuestra el autor, los esclavistas hispanos dominaban tanto la pol&#x00ED;tica metropolitana como la colonial, apoy&#x00E1;ndose en el manejo de los negocios muy lucrativos relacionados con la trata de esclavos tra&#x00ED;dos de &#x00C1;frica y su explotaci&#x00F3;n en las plantaciones de Cuba y Puerto Rico. Esta investigaci&#x00F3;n hace un aporte novedoso, pues tanto el esclavismo espa&#x00F1;ol como el abolicionismo espa&#x00F1;ol son mucho menos conocidos que los de pa&#x00ED;ses como Inglaterra o los Estados Unidos. El abolicionismo espa&#x00F1;ol tuvo momentos trascendentes y contribuy&#x00F3; a que finalmente se acabara con la esclavitud en las islas hispanas, cerrando ese cap&#x00ED;tulo de explotaci&#x00F3;n secular. El tema de la confrontaci&#x00F3;n entre esclavistas y abolicionistas estaba reclamando ser atendido y no puede ser m&#x00E1;s actual, considerando la intensidad del debate internacional de nuestros d&#x00ED;as sobre el pasado colonial, la esclavitud y la discriminaci&#x00F3;n racial.</p>
      <p>El primer cap&#x00ED;tulo del libro hace una revisi&#x00F3;n de las l&#x00ED;neas de investigaci&#x00F3;n que la historiograf&#x00ED;a internacional ha desarrollado sobre el antiesclavismo. Piqueras se&#x00F1;ala, en primer lugar, que suele olvidarse que el abolicionismo &#x2014;en la &#x00E9;poca moderna&#x2014; tuvo su g&#x00E9;nesis entre las comunidades de cu&#x00E1;queros de Pennsylvania a fines del siglo XVII. Sus pr&#x00E9;dicas contra la esclavitud antecedieron por casi un siglo al auge de las campa&#x00F1;as contra la trata de esclavos en Gran Breta&#x00F1;a, que numerosos historiadores han argumentado &#x2014;de manera err&#x00F3;nea&#x2014; que fueron las primeras. Piqueras enfatiza que este enfoque centrado en Inglaterra ha ignorado la historiograf&#x00ED;a de otras tierras, incluyendo la que se refiere a los debates sobre la esclavitud antes y durante la revoluci&#x00F3;n francesa, y el levantamiento armado de mulatos libres y, sobre todo, de esclavos negros de Hait&#x00ED; (antes <italic toggle="yes">Saint Domingue</italic>), que logr&#x00F3; acabar con la esclavitud luego de prolongados enfrentamientos b&#x00E9;licos con las tropas francesas, espa&#x00F1;olas y brit&#x00E1;nicas, hasta la creaci&#x00F3;n de la nueva naci&#x00F3;n en 1803.</p>
      <p>El libro sostiene que no cabe duda de que la pol&#x00ED;tica adoptada por el gobierno brit&#x00E1;nico a partir de 1808, de acabar con el comercio mar&#x00ED;timo de esclavos, fue un factor fundamental. El conjunto de decretos y tratados que prohib&#x00ED;an la trata ten&#x00ED;a la intenci&#x00F3;n de perjudicar a las naciones rivales de Gran Breta&#x00F1;a que todav&#x00ED;a disfrutaban de reg&#x00ED;menes esclavistas. Pero queda claro que el patrullaje de la <italic toggle="yes">Royal Navy</italic>, que redund&#x00F3; en la captura de cientos de barcos que alimentaron las flotas mercantes inglesas, no acab&#x00F3; con importantes corrientes del comercio de esclavos, que continuaron abasteciendo a varios pa&#x00ED;ses con plantaciones de productos tropicales. En particular Brasil y Cuba siguieron importando esclavos africanos en grandes n&#x00FA;meros hasta mediados del siglo XIX. De all&#x00ED; que este periodo haya sido calificado por varios historiadores como una <italic toggle="yes">segunda esclavitud</italic>, caracter&#x00ED;stica central del siglo XIX en Brasil, Cuba, y Puerto Rico, pero tambi&#x00E9;n en el sur de los Estados Unidos, el pa&#x00ED;s con mayor n&#x00FA;mero de esclavos. Los cuadros estad&#x00ED;sticos que proporciona el libro hablan de la enormidad del tr&#x00E1;fico de esclavos, que alcanz&#x00F3; su fase de mayor intensidad entre 1740 y 1810, cuando se introdujeron en Am&#x00E9;rica m&#x00E1;s de tres millones de esclavos, 56&#x0025; transportados en nav&#x00ED;os brit&#x00E1;nicos y 26&#x0025; por embarcaciones francesas, adem&#x00E1;s de barcos comerciantes holandeses, daneses y norteamericanos a lo largo del siglo XVIII. Estas cifras no incluyen el tr&#x00E1;fico que llevaron a cabo los portugueses y brasile&#x00F1;os, ni los espa&#x00F1;oles, sobre los que la informaci&#x00F3;n documental es menos precisa. De todas maneras, este libro confirma que despu&#x00E9;s de 1820 y hasta 1865 se produjo un auge en la trata de esclavos desembarcados en Cuba, que super&#x00F3; ampliamente el medio mill&#x00F3;n de africanos, con promedios anuales que frecuentemente alcanzaban 15 mil esclavos por a&#x00F1;o durante medio siglo, fundamentalmente en embarcaciones espa&#x00F1;olas, lo que se conoci&#x00F3; como la &#x00E9;poca de la &#x201C;trata ilegal&#x201D;.</p>
      <p>Esta tremenda realidad del comercio y explotaci&#x00F3;n de seres humanos est&#x00E1; en el trasfondo del libro que rese&#x00F1;amos, pero adem&#x00E1;s de ofrecer una visi&#x00F3;n de conjunto de la problem&#x00E1;tica de la esclavitud en el mundo hispano, el objeto central de Piqueras consiste en enfocar sus bater&#x00ED;as en el an&#x00E1;lisis de los m&#x00E1;s importantes debates a favor y en contra del esclavismo en Espa&#x00F1;a, desde las Cortes de C&#x00E1;diz hasta fines del siglo XIX. Para ello ha recurrido a un cuidadoso estudio de numerosas fuentes: las discusiones parlamentarias hispanas en diferentes per&#x00ED;odos del siglo XIX, la prensa de la &#x00E9;poca, siempre tan rica para la historia pol&#x00ED;tica y social, as&#x00ED; como una amplia documentaci&#x00F3;n de correspondencia oficial en archivos espa&#x00F1;oles y cubanos, que el libro recupera en detalle. Las fuentes mencionadas se complementan con recursos de nuevas bases de datos sobre el comercio de esclavos y censos, as&#x00ED; como la consulta a las estad&#x00ED;sticas en sitios webs excelentes sobre la trata, como el de <italic toggle="yes">Slave Voyages</italic>, adem&#x00E1;s de una abundante literatura secundaria.</p>
      <p>El segundo y tercer cap&#x00ED;tulos hacen un recorrido por los debates parlamentarios que tuvieron que ver con esclavitud y abolici&#x00F3;n. Su g&#x00E9;nesis se produjo durante el primer parlamento liberal de la historia hispanoamericana, las Cortes de C&#x00E1;diz, que acogieron casi un tercio de diputados americanos entre 1810 y 1812. Cabe destacar que las discusiones sobre abolici&#x00F3;n arrancaron con la propuesta de Jos&#x00E9; Miguel Guridi y Alcocer, diputado por M&#x00E9;xico, quien plante&#x00F3; la urgencia de ratificar la supresi&#x00F3;n de la trata, una ley de &#x201C;vientres libres&#x201D; y la prohibici&#x00F3;n de castigos f&#x00ED;sicos a los esclavos. En pocas palabras, los diputados conoc&#x00ED;an perfectamente las condiciones de explotaci&#x00F3;n de los esclavos en Am&#x00E9;rica. El diputado Agust&#x00ED;n Arg&#x00FC;elles, gran orador, coincidi&#x00F3; con estos planteamientos en discursos luminosos, pero la mayor&#x00ED;a de los diputados no quisieron ir tan lejos. El an&#x00E1;lisis de los planteamientos de diputados a favor y en contra de la esclavitud resulta fascinante, tanto en este momento de inicio del liberalismo y constitucionalismo, como en sus secuelas, en las Cortes liberales de Madrid en 1820-1823, antes del regreso del absolutismo entre 1823 y 1833.</p>
      <p> Una vez realizada la revoluci&#x00F3;n y consolidado el r&#x00E9;gimen liberal, durante el decenio de 1834-1843 se volvi&#x00F3; a discutir sobre el esclavismo en Cuba y Puerto Rico, pero en vinculaci&#x00F3;n con el debate de 1837 sobre el grado de autonom&#x00ED;a pol&#x00ED;tica a la que podr&#x00ED;an aspirar las dos colonias en el Caribe. Pese a algunas propuestas avanzadas que apuntaban a la abolici&#x00F3;n de la trata, la realidad es que el auge azucarero en Cuba llev&#x00F3; a los pol&#x00ED;ticos a someter a las islas a leyes especiales que ratificaban el poder absoluto del capit&#x00E1;n general en La Habana, y la aceptaci&#x00F3;n del comercio y explotaci&#x00F3;n de los esclavos en las plantaciones. Esto se explica en buena medida porque los ministros de Hacienda requer&#x00ED;an de las cuantiosas aportaciones en met&#x00E1;lico del tesoro cubano y de los hacendados habaneros a las arcas metropolitanas, muy necesitadas de fondos para poder financiar y concluir la Guerra Carlista que se extendi&#x00F3; entre 1833 y 1839. A partir del triunfo del Partido Moderado en 1844, que habr&#x00ED;a de gobernar casi un cuarto de siglo, se impusieron pol&#x00ED;ticas claramente conservadoras, colonialistas y esclavistas. En ello tambi&#x00E9;n ejerci&#x00F3; un papel fundamental el &#x201C;lobby&#x201D; cubano de terratenientes y comerciantes esclavistas que operaban con agilidad y manejaban muchos fondos para influir los cen&#x00E1;culos del poder en Madrid. Durante el bienio del gobierno progresista entre 1854 1856, volvi&#x00F3; a plantearse el tema de la esclavitud, de la trata y de las opciones posibles en direcci&#x00F3;n a una futura abolici&#x00F3;n. Algunos pol&#x00ED;ticos dem&#x00F3;cratas republicanos, como Jos&#x00E9; Mar&#x00ED;a Orense, propusieron la conveniencia de la abolici&#x00F3;n, pero de nuevo, la oposici&#x00F3;n de los esclavistas, aliados con de figuras destacadas del Partido Progresista, como Salustiano Ol&#x00F3;zaga, hundieron la iniciativa. Ol&#x00F3;zaga justific&#x00F3; su oposici&#x00F3;n haciendo referencia al peligro de que los Estados Unidos buscase la anexi&#x00F3;n de Cuba, para integrarla a los estados esclavistas del sur.</p>
      <p>El cuarto cap&#x00ED;tulo describe el surgimiento de sociedades abolicionistas en Espa&#x00F1;a entre 1865 y 1868, para lo cual se hace una revisi&#x00F3;n de art&#x00ED;culos en la prensa, revistas especializadas y documentos sobre la creaci&#x00F3;n de comit&#x00E9;s abolicionistas en muchas provincias. El primero fue la Sociedad Abolicionista Espa&#x00F1;ola, fundada en diciembre de 1864, al igual que el Comit&#x00E9; de Se&#x00F1;oras de la Sociedad Abolicionista; este &#x00FA;ltimo nos habla de la participaci&#x00F3;n femenina, tema que valdr&#x00ED;a la pena se estudie m&#x00E1;s a fondo en el futuro. Estas organizaciones se multiplicaron, pero no ser&#x00ED;a hasta despu&#x00E9;s de la revoluci&#x00F3;n de 1868 y el sexenio democr&#x00E1;tico, que se profundiz&#x00F3; el esfuerzo por promulgar una ley y medidas para ratificar la abolici&#x00F3;n de la esclavitud. Esta secci&#x00F3;n del libro constituye el coraz&#x00F3;n del texto, pues describe en gran detalle la compleja serie de luchas pol&#x00ED;ticas que tuvieron lugar dentro del gobierno, en el parlamento, en la prensa y en la calle, que giraban alrededor de los nuevos proyectos pol&#x00ED;ticos, como la Constituci&#x00F3;n de 1869 y las reformas muy diversas de la vida pol&#x00ED;tica, con participaci&#x00F3;n ya amplia y masiva de muchos sectores sociales.</p>
      <p>Fundamental en este sentido, fue la propuesta del ministro Segismundo Moret de una ley de abolici&#x00F3;n que fue muy discutida, pero pudo ratificarse. Piqueras se&#x00F1;ala que &#x201C;La Ley del 4 de julio de 1870 contemplaba una supresi&#x00F3;n gradual de la esclavitud: declaraba los &#x201C;vientres libres&#x201D; y por lo tanto libres a los nacidos de mujer esclava, y dejaba en libertad a los esclavos mayores de sesenta a&#x00F1;os en Cuba y Puerto Rico.&#x201D; A esta ley hab&#x00ED;an contribuido mucho las luchas de Rafael de Labra y diversos grupos pol&#x00ED;ticos radicales de Puerto Rico que se colocaron en la vanguardia de esta gran cruzada. Sin embargo, es claro que este movimiento y la nueva propuesta habr&#x00ED;an de provocar una viva reacci&#x00F3;n, como lo demostr&#x00F3; la autorizaci&#x00F3;n de las autoridades espa&#x00F1;olas en La Habana para que los mayores hacendados de la isla se organizaran en juntas para debatir y criticar la nueva ley. Al mismo tiempo, las grandes fortunas cubanas &#x2014;compuestas de comerciantes y plantadores criollos y sobre todo de espa&#x00F1;oles&#x2014; movilizaron sus influencias en Espa&#x00F1;a para reducir el impacto de la nueva legislaci&#x00F3;n. Tuvieron bastante &#x00E9;xito, tanto por las contradicciones al interior del gobierno y el parlamento, como por el efecto de la &#x201C;Guerra de los diez a&#x00F1;os&#x201D; que estaba en marcha en la isla y dur&#x00F3; hasta 1878, a ra&#x00ED;z del enfrentamiento armado entre muchos grupos de trabajadores y revolucionarios cubanos en contra de las tropas espa&#x00F1;olas enviadas para reprimirlas.</p>
      <p>Terminada esta verdadera guerra civil dentro de Cuba, el autor hace hincapi&#x00E9; en la insistencia de los grandes plantadores en continuar con el r&#x00E9;gimen esclavista. Y para ello contaron con el benepl&#x00E1;cito del gobierno de la Restauraci&#x00F3;n, desde 1875 en adelante, y de figuras conservadoras como Antonio C&#x00E1;novas, que alentaban a los esclavistas a continuar explotando sus plantaciones de forma absolutamente tradicional e inhumana. Sin embargo, la esclavitud iba feneciendo, en parte debido a las consecuencias de la Ley Moret as&#x00ED; como por la mortalidad de los esclavos de edad avanzada. Pero en las mayores plantaciones, los due&#x00F1;os se aferraron a la explotaci&#x00F3;n de sus esclavos, por lo que &#x00E9;stos habr&#x00ED;an de esperar hasta la promulgaci&#x00F3;n de una nueva ley en 1886 que ratificaba finalmente la extinci&#x00F3;n de la esclavitud en la isla.</p>
      <p>En resumidas cuentas, el libro que rese&#x00F1;amos viene a completar un gran fresco de estudios previos de Jos&#x00E9; Antonio Piqueras sobre los temas de la esclavitud en Cuba, el Caribe y la Am&#x00E9;rica espa&#x00F1;ola, que nos develan aspectos novedosos y poco conocidos de la historia de la historia pol&#x00ED;tica, econ&#x00F3;mica y social de Espa&#x00F1;a y sus colonias en el siglo XIX, entretejiendo el debate entre esclavistas y abolicionistas con gran perspicacia en un rico mosaico de textos que son muy pertinentes para los debates actuales sobre el legado del colonialismo y de la esclavitud. </p>
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