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      <p>Uno de los aspectos quiz&#x00E1;s menos conocidos del Imperio ultramarino espa&#x00F1;ol durante el siglo XIX es el relativo a los organismos creados por el r&#x00E9;gimen liberal espa&#x00F1;ol para la administraci&#x00F3;n de los importantes territorios coloniales retenidos por Espa&#x00F1;a tras la p&#x00E9;rdida de su inmenso imperio continental. Este vac&#x00ED;o historiogr&#x00E1;fico ha ido desapareciendo durante las &#x00FA;ltimas d&#x00E9;cadas merced a una serie de trabajos que han profundizado en el estudio del entramado pol&#x00ED;tico-institucional creado, tanto en las propias colonias como en la metr&#x00F3;poli, para la administraci&#x00F3;n de Cuba, Puerto Rico y Filipinas a lo largo del siglo XIX.</p>
      <p>Quedaba todav&#x00ED;a por estudiar un aspecto esencial de esta red de relaciones entre la metr&#x00F3;poli y sus colonias antillanas y asi&#x00E1;ticas, como es el representado por el sistema financiero colonial. Es decir, la historia de aquellos bancos fundados en Cuba, Puerto Rico y Filipinas, en consonancia con los que aparecieron en las colonias americanas, asi&#x00E1;ticas y africanas de otras potencias europeas durante esta centuria. Es cierto que la labor infatigable de una serie de especialistas como In&#x00E9;s Rold&#x00E1;n, Francisco Com&#x00ED;n o &#x00C1;ngel P. Mart&#x00ED;nez, entre otros, hab&#x00ED;a ido alumbrando durante los &#x00FA;ltimos a&#x00F1;os varios trabajos importantes en torno a las haciendas p&#x00FA;blicas coloniales, las cajas de ahorro ultramarinas y, en especial, al Banco Espa&#x00F1;ol de La Habana. Sin embargo, la dificultad de conjugar estudios a caballo entre la historia institucional y la historia econ&#x00F3;mica fue difiriendo la realizaci&#x00F3;n de un an&#x00E1;lisis conjunto de todo este proceso hasta la aparici&#x00F3;n del presente libro.</p>
      <p>
         <italic toggle="yes">La banca en las colonias espa&#x00F1;olas: Cuba, Puerto Rico y Filipinas</italic> es el producto de la fruct&#x00ED;fera asociaci&#x00F3;n entre una de las principales expertas sobre el funcionamiento de la Cuba de la Restauraci&#x00F3;n y un destacado especialista sobre la historia del sistema financiero espa&#x00F1;ol y del Banco de Espa&#x00F1;a. El libro traza una panor&#x00E1;mica completa de la historia del Banco Espa&#x00F1;ol de La Habana (1856), el Banco Espa&#x00F1;ol de Puerto Rico (1888-1890) y el Banco Espa&#x00F1;ol-Filipino de Isabel II (1851) desde su fundaci&#x00F3;n hasta su desaparici&#x00F3;n m&#x00E1;s all&#x00E1; del final del dominio espa&#x00F1;ol. La obra pone de manifiesto, una vez m&#x00E1;s, que lejos de la excepcionalidad que algunos autores han querido atribuir a las relaciones establecidas por la Espa&#x00F1;a liberal con sus posesiones ultramarinas, estas respondieron, en t&#x00E9;rminos generales, a la l&#x00F3;gica de las relaciones coloniales seguidas por otras potencias en sus respectivos territorios ultramarinos.</p>
      <p>No en vano, el primer cap&#x00ED;tulo realiza un exhaustivo an&#x00E1;lisis comparativo en torno al origen y trayectoria de los bancos coloniales creados en Ultramar por Gran Breta&#x00F1;a, Francia, Holanda, Portugal y, m&#x00E1;s tard&#x00ED;amente, Alemania y B&#x00E9;lgica. Los autores explican detalladamente las peculiaridades de cada uno de estos modelos bancarios y los elementos de convergencia derivados del papel de esta banca colonial, verdadero motor del capitalismo imperialista decimon&#x00F3;nico y pieza clave en la consolidaci&#x00F3;n del control metropolitano sobre estos territorios. El libro muestra c&#x00F3;mo los tres bancos coloniales espa&#x00F1;oles compartieron muchas de las caracter&#x00ED;sticas revestidas por los creados por otras potencias coloniales. Se trat&#x00F3; en los tres casos de instituciones de cr&#x00E9;dito de capital privado y r&#x00E9;gimen accionario, regulados desde la metr&#x00F3;poli, lo que caracterizaba al conjunto de la banca colonial europea, con la excepci&#x00F3;n de la brit&#x00E1;nica. Se parec&#x00ED;an a los franceses por su car&#x00E1;cter de &#x00FA;nicos bancos emisores en sus respectivos espacios, as&#x00ED; como por el papel desempe&#x00F1;ado por el gobierno metropolitano como promotor, aunque con un perfil menos marcado, lo que les asemejaba, a su vez, a los bancos portugueses y holandeses. Tambi&#x00E9;n su dimensi&#x00F3;n, especialmente en el caso del Banco Espa&#x00F1;ol de La Habana, quedaba muy cerca de la mayor&#x00ED;a de los bancos imperiales de otras potencias.</p>
      <p>En los siguientes cap&#x00ED;tulos el libro desarrolla la historia de cada uno de los tres bancos ultramarinos espa&#x00F1;oles. Cuba fue la colonia espa&#x00F1;ola m&#x00E1;s prospera a causa del auge azucarero que convirti&#x00F3; a la isla en el principal productor mundial, al tiempo que se convert&#x00ED;a tambi&#x00E9;n en un importante exportador de tabaco de calidad. Esta situaci&#x00F3;n hizo cada vez m&#x00E1;s necesaria la creaci&#x00F3;n de un banco en la isla. El segundo cap&#x00ED;tulo estudia c&#x00F3;mo las transformaciones experimentadas por la econom&#x00ED;a cubana durante las d&#x00E9;cadas centrales del XIX dieron lugar al Banco Espa&#x00F1;ol de la Habana en 1856.</p>
      <p>La obra sigue con minuciosidad las negociaciones que condujeron a la fundaci&#x00F3;n de esta instituci&#x00F3;n sobre los estatutos del Banco de San Fernando y describe exhaustivamente su organizaci&#x00F3;n, los primeros directores y la cambiante composici&#x00F3;n de su accionariado, del que formaron parte muchos de los mayores capitales de La Habana. Los autores analizan la trayectoria del Banco durante el per&#x00ED;odo tardo isabelino, su importante papel en el desarrollo de la econom&#x00ED;a cubana durante esta etapa, las ventajas proporcionadas por su condici&#x00F3;n de &#x00FA;nico banco emisor, la manera en la que sorte&#x00F3; las crisis de 1857 y 1866 y c&#x00F3;mo, pese a estas, logr&#x00F3; crecer por medio de sucesivas ampliaciones de capital, al tiempo que extend&#x00ED;a sus actividades a las principales ciudades de la isla a trav&#x00E9;s de la creaci&#x00F3;n de una red de sucursales.</p>
      <p>El estallido de la guerra de los Diez A&#x00F1;os pondr&#x00ED;a de manifiesto el compromiso del Banco Espa&#x00F1;ol de La Habana con el mantenimiento del r&#x00E9;gimen colonial y su importancia a la hora de financiar el esfuerzo de guerra de las autoridades espa&#x00F1;olas de la isla. Por ello, el conflicto dejar&#x00ED;a una profunda huella en sus cuentas, pese a lo cual los accionistas lograron una alta rentabilidad &#x2014;cercana al 17 &#x0025;&#x2014; entre 1869 y 1875. El final de la primera guerra de independencia dej&#x00F3; una Cuba arruinada y una hacienda endeudada por una contienda que cost&#x00F3; entre 400 y 600 millones de pesos. Ello hizo necesario reconstruir sobre nuevas bases la relaci&#x00F3;n entre el banco y el Tesoro cubano, que deb&#x00ED;a a esta entidad en torno a 12 millones de pesos. Fue necesario que las Cortes autorizaran la emisi&#x00F3;n de un empr&#x00E9;stito de 25 millones, con la garant&#x00ED;a de las aduanas de Cuba, para cubrir las necesidades de la isla. Esto permiti&#x00F3; al banco continuar con sus negocios e incluso crecer a&#x00FA;n m&#x00E1;s por medio de sucesivas ampliaciones de capital, al tiempo que utilizaba su moment&#x00E1;nea liquidez para ir retirando el devaluado papel moneda que hab&#x00ED;a emitido durante el conflicto, consiguiendo de ese modo ping&#x00FC;es beneficios.</p>
      <p>El libro analiza la trayectoria de los sucesivos gobernadores del Banco y sus relaciones con la &#x00E9;lite pol&#x00ED;tica y econ&#x00F3;mica de la Restauraci&#x00F3;n, que acabaron convirtiendo a esta entidad pr&#x00E1;cticamente en un banco de gobierno a lo largo de las dos &#x00FA;ltimas d&#x00E9;cadas del siglo. Descapitalizado, incapaz de captar nuevos recursos y de actuar como motor de financiaci&#x00F3;n de las empresas privadas cubanas, el Banco Espa&#x00F1;ol de Cuba acab&#x00F3; dejando en manos de otros bancos y de comerciantes- prestamistas privados el ejercicio de las funciones de banca comercial para las que hab&#x00ED;a sido inicialmente creado. La crisis de 1893 hundir&#x00ED;a el valor de sus acciones en casi un 40 &#x0025;. Desde entonces, la recaudaci&#x00F3;n de las contribuciones y el cobro de los intereses de sus empr&#x00E9;stitos al ayuntamiento de La Habana se convertir&#x00ED;an en su principal actividad. El estallido de una nueva y destructiva guerra en 1895 acabar&#x00ED;a por hacer insostenible su situaci&#x00F3;n, agravada por la masiva emisi&#x00F3;n de papel moneda, convertible solo una vez la isla hubiera sido pacificada, y la negativa del Gobierno espa&#x00F1;ol tras el Tratado de Par&#x00ED;s a reembolsar al banco una parte de las cantidades adelantadas al Tesoro. El libro traza asimismo la historia del banco durante la ocupaci&#x00F3;n estadounidense, perdido ya el monopolio de la emisi&#x00F3;n en la isla y desvinculado de las nuevas autoridades, su conversi&#x00F3;n en un banco comercial m&#x00E1;s en competencia con las nuevas entidades cubanas y extranjeras hasta su desaparici&#x00F3;n en 1921.</p>
      <p>El tercer cap&#x00ED;tulo estudia el que fue, sin duda, el menos importante de los tres bancos coloniales espa&#x00F1;oles, como fue el caso del Banco Espa&#x00F1;ol de Puerto Rico. Los autores analizan las razones que, en el marco de la escasamente desarrollada econom&#x00ED;a boricua, frustraron los sucesivos intentos para crear un banco emisor en la isla hasta la tard&#x00ED;a aparici&#x00F3;n entre 1888-1890 del Banco Espa&#x00F1;ol de Puerto Rico. Como en el caso anterior, la obra describe con detalle su constituci&#x00F3;n y organizaci&#x00F3;n, el accionariado y las actividades desarrolladas durante la &#x00FA;ltima d&#x00E9;cada de dominio espa&#x00F1;ol en la isla. Pese a sus modestas dimensiones, el Banco tuvo un saludable efecto sobre el desarrollo de la econom&#x00ED;a, sino de toda la isla, s&#x00ED; al menos de la capital, en donde se concentraron sus operaciones. Fue el m&#x00E1;s rentable de los tres bancos al proporcionar a sus accionistas utilidades anuales en torno al 21 &#x0025;, el doble que en equivalentes de Cuba y Filipinas. Los autores inciden en el importante papel desempe&#x00F1;ado por esta instituci&#x00F3;n en la mejora de la circulaci&#x00F3;n monetaria producida por la emisi&#x00F3;n de billetes, as&#x00ED; como en la retirada y conversi&#x00F3;n en 1895 del peso mexicano, que hasta ese momento hab&#x00ED;a constituido la principal moneda de uso corriente en Puerto Rico. Otra peculiaridad fue que, a diferencia de sus equivalentes cubano y filipino, el banco se vio liberado de realizar pr&#x00E9;stamos al Tesoro de la isla. M&#x00E1;s dif&#x00ED;cil fue la transici&#x00F3;n a la nueva situaci&#x00F3;n producida por el cambio de soberan&#x00ED;a que acabar&#x00ED;a provocando su liquidaci&#x00F3;n en 1913.</p>
      <p>El cuarto bloque aborda la historia y vicisitudes de la primera instituci&#x00F3;n financiera creada por Espa&#x00F1;a en sus colonias: el Banco Espa&#x00F1;ol-Filipino de Isabel II, renombrado en 1868 como Banco Espa&#x00F1;ol-Filipino. El libro analiza c&#x00F3;mo, despu&#x00E9;s de una serie de intentos fracasados en 1828, 1842 y 1846, finalmente en 1851 se produjo la aparici&#x00F3;n de un banco que pudiera asumir el papel financiero desempe&#x00F1;ado anteriormente por las &#x00F3;rdenes religiosas, cuyos recursos fueron incorporados al capital inicial de la entidad, constituyendo la mitad de su accionariado. El desarrollo del banco estuvo vinculado desde el principio al desarrollo de la agricultura de exportaci&#x00F3;n dirigida al mercado mundial. Fue, en este sentido, el m&#x00E1;s comercial de los tres bancos estudiados, aunque desempe&#x00F1;ara igualmente un importante papel en la emisi&#x00F3;n de papel moneda. Como en el caso de Cuba, se vio obligado a financiar los gastos de la administraci&#x00F3;n colonial y de la guerra despu&#x00E9;s del levantamiento del Katipunan en 1896, si bien logr&#x00F3; su reembolso a fines de 1899. Tras la ocupaci&#x00F3;n estadounidense atraves&#x00F3; un per&#x00ED;odo de incertidumbre hasta el acuerdo alcanzado con las autoridades estadounidenses en 1907, momento en que se refundar&#x00ED;a como Bank of the Philippine Islands, el cual ha logrado sobrevivir hasta la actualidad.</p>
      <p>El libro se sustenta sobre un s&#x00F3;lido aparato documental, pese a la p&#x00E9;rdida de la mayor&#x00ED;a de la documentaci&#x00F3;n generada por los propios bancos, gran parte de cuya informaci&#x00F3;n ha podido ser reconstruida, no obstante, por los autores gracias a las memorias anuales de las juntas directivas y a los balances publicados en la <italic toggle="yes">Gaceta de Madrid</italic>. Ambos especialistas hacen uso asimismo de una amplia literatura especializada que pone de manifiesto su profundo conocimiento sobre la materia. La prosa fluida y elegante de In&#x00E9;s Rold&#x00E1;n y Pablo Mart&#x00ED;n-Ace&#x00F1;a hace adem&#x00E1;s que sea una obra de f&#x00E1;cil lectura.</p>
      <p>Como vemos, <italic toggle="yes">La banca en las colonias espa&#x00F1;olas: Cuba, Puerto Rico y Filipinas</italic> constituye una obra de obligada lectura para todos aquellos interesados en el estudio de las instituciones financieras espa&#x00F1;olas y, de manera m&#x00E1;s general, para los especialistas en torno al an&#x00E1;lisis del modelo de relaciones establecido por la Espa&#x00F1;a liberal con sus colonias.</p>
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