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				<article-title>Cerceau, Louis-&#xc9;mile. 2024. <italic>El Chaco y el Oriente boliviano (1891-1894)</italic>. Traducci&#xf3;n y edici&#xf3;n de Antoine Rousseau, Cecilia Mart&#xed;nez, Isabelle Comb&#xe8;s y Rodrigo Montani. Santa Cruz de la Sierra (Bolivia): Editorial El Pa&#xed;s. 260 pp. Colecci&#xf3;n Ciencias Sociales e Historia, 60.</article-title>
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		<p>El a&#xf1;o pasado, hurgando en los archivos de la Sociedad de Geograf&#xed;a de Par&#xed;s, un equipo franco-argentino de antrop&#xf3;logos e historiadores recobr&#xf3; un manuscrito in&#xe9;dito de Louis-&#xc9;mile Cerceau que ofrece una nueva visi&#xf3;n del Chaco argentino y el Oriente boliviano a fines del siglo XIX. Para contextualizar un dossier compuesto de 198 p&#xe1;ginas, 7 cap&#xed;tulos, 22 croquis y un mapa que registran los pormenores de su viaje a Sudam&#xe9;rica entre 1891 y 1894, Antoine Rousseau, Cecilia Mart&#xed;nez, Isabelle Comb&#xe8;s y Rodrigo Montani exprimieron las fuentes recobrando la escasa informaci&#xf3;n disponible sobre este viajero pr&#xe1;cticamente desconocido en la Biblioteca Nacional de Francia, los archivos del departamento Ni&#xe8;vre, la Escuela polit&#xe9;cnica de Par&#xed;s o el Servicio Hist&#xf3;rico de Defensa de Francia, y asimismo las colecciones de diversas instituciones bolivianas como el Fondo Prefectural del Museo Hist&#xf3;rico de Santa Cruz de la Sierra o el Archivo Nacional de Bolivia en Sucre.</p>
		<p>Hijo de un carpintero y una costurera de Ni&#xe8;vre, Cerceau nace en Varzy el 3 de agosto de 1862. Se forma en la <italic>&#xc9;cole Polytechnique</italic> de Par&#xed;s y en la <italic>&#xc9;cole d&#x2019;Application de l&#x2019;Artillerie et du G&#xe9;nie</italic> de Fontainebleau. Los informes docentes evocan a un alumno f&#xed;sicamente peque&#xf1;o, inteligente, pero con resultados mediocres; en efecto, pronto abandona la escuela militar, se casa con una muchacha de Fontainebleau y comienza a trabajar en la compa&#xf1;&#xed;a ferroviaria Par&#xed;s-Orleans. Al poco tiempo, no obstante, abandona todo para buscar fortuna en Sudam&#xe9;rica: recorre Chile, Argentina y Bolivia proyectando emprendimientos ferroviarios y en Rosario conoce a Mar&#xed;a Ana Beaujour, con quien contrae nuevamente matrimonio y tendr&#xe1; dos hijos. Mientras tanto, planea expediciones a las tierras bajas bolivianas, donde espera encontrar un &#x201c;para&#xed;so terrenal&#x201d;. </p>
		<p>Ser&#xed;a incorrecto, sin embargo, asumir que durante los casi dos a&#xf1;os del periplo sudamericano la visi&#xf3;n de Cerceau se mantuvo inalterable. Los primeros textos est&#xe1;n dedicados al Chaco y los &#xfa;ltimos al Oriente boliviano y, si bien todos comparten un cierto tono pionero, hay algunas diferencias notorias: si en la primera parte -m&#xe1;s joven y despreocupada- predomina la l&#xf3;gica del descubrimiento, propia del explorador, en la segunda -m&#xe1;s madura y atemperada- aflora una l&#xf3;gica tal vez menos atractiva y m&#xe1;s propia de la gesti&#xf3;n del emprendedor, el funcionario o el potencial administrador.</p>
		<p>En la primera parte, el entusiasmo que desborda las p&#xe1;ginas dedicadas al Chaco no se ve obturado -es m&#xe1;s: parece reforzado- por una serie de pasos de comedia en los cuales el autor revela su inexperiencia, equ&#xed;vocos e improvisaciones, y no faltan las ocasiones en que el joven ingeniero se desorienta o se pierde en el monte por varias semanas, como cuando aprecia err&#xf3;neamente el curso del r&#xed;o Bermejo y viaja en direcci&#xf3;n Oeste-Este cuando en realidad el r&#xed;o corre sobre el eje Noroeste-Sureste, con el resultado de que su comitiva termina a orillas del r&#xed;o Pilcomayo cuando esperaba llegar a la provincia de Corrientes. Evidentemente, a Cerceau lo seduce la tentaci&#xf3;n de aventurarse en un territorio virgen, desconocido, inmaculado, en el cual el terreno es arduo, los gu&#xed;as con charlatanes o se pierden, y cada jornada se padecen la malaria, los insectos, los animales salvajes y hasta los eventuales ataques ind&#xed;genas. Al mismo tiempo, las ciudades (Or&#xe1;n, Salta, Tarija o Santa Cruz de la Sierra) son descritas casi al pasar como si fueran sitios neutros, carentes de inter&#xe9;s, mientras que una escena dram&#xe1;tica como el duelo entre dos ind&#xed;genas wich&#xed;s por una mujer amerita un espacio argumental m&#xe1;s extenso.</p>
		<p>Sin embargo, pese a la ret&#xf3;rica pionera, Cerceau no puede dejar de dibujar un Chaco en movimiento que, si bien no est&#xe1; todav&#xed;a completamente colonizado, no es en modo alguno una comarca ed&#xe9;nica, puesto que desde hace siglos hab&#xed;a sido surcada una y otra vez por viajeros, naturalistas, militares, ganaderos, comerciantes o misioneros, y hasta en parte hab&#xed;a comenzado ya a mecanizarse por medio de rutas viales y redes ferroviarias. En este sentido, resulta de particular inter&#xe9;s su testimonio de primera mano sobre la batalla de Kuruyuki. A fines del siglo XIX, la mayor&#xed;a de los anta&#xf1;o orgullosos chiriguanos -que en su momento hab&#xed;an desafiado al propio Virrey Toledo y resistieron durante siglos el avance colonizador- trabajaban ya como peones en las haciendas o se asilaban como ne&#xf3;fitos en las misiones franciscanas. En 1892, un &#xfa;ltimo levantamiento encabezado por el profeta Apiaguaiqui Tumpa llam&#xf3; a exterminar a los criollos afirmando que sus balas se convertir&#xed;an en agua. Luego de una serie de escaramuzas, la rebeli&#xf3;n culmin&#xf3; en la batalla campal del 28 de enero de ese mismo a&#xf1;o, en la cual los ind&#xed;genas fueron masacrados por el ej&#xe9;rcito boliviano. Uno de los principales motivos de la derrota ind&#xed;gena fue la falta de acuerdo entre los propios chiriguanos, divididos no solo entre los rebeldes y aquellos que no cre&#xed;an ya en la lucha armada, sino tambi&#xe9;n en facciones autonomistas y otras que apoyaban al ej&#xe9;rcito, a los colonos criollos o a los franciscanos. Pues bien, Cerceau es un testigo ambiguo de todos estos hechos: si bien reconoce que los chiriguanos se rebelan contra las condiciones de vida infrahumanas, se enrola sin dudarlo en la milicia local y, por m&#xe1;s que deplore algunos efectos puntuales de la colonizaci&#xf3;n, jam&#xe1;s cuestiona que la misma sea justa y necesaria. </p>
		<p>Desde un punto de vista estrictamente etnogr&#xe1;fico, resaltan en su observaci&#xf3;n antropol&#xf3;gica las asimetr&#xed;as valorativas sobre los diferentes grupos humanos: as&#xed;, por ejemplo, resulta notorio que los contactos locales sean identificados con nombre y apellido cuando se trata de habitantes urbanos pero de forma an&#xf3;nima en el caso de los pobladores rurales; o bien que repita prejuicios popularizados como la oposici&#xf3;n &#x201c;camba&#x201d; (poblador de tierras bajas) vs. &#x201c;colla&#x201d; (poblador de tierras altas), siendo los &#xfa;ltimos percibidos como gente mezquina, mentirosa y traicionera, e incluso principales responsables de la debacle de Kuruyuki; o, tal vez menos sorprendentemente, que recicle las usuales escalas evolutivas de complejidad cultural que ubican en el tope de la clasificaci&#xf3;n inter&#xe9;tnica regional a los pueblos de habla guaran&#xed; (sedentarios, agricultores) y en la base a los grupos chaque&#xf1;os (n&#xf3;madas, cazadores-recolectores), un patr&#xf3;n, por otra parte, compartido ampliamente en las obras de funcionarios como Baldrich o Trigo, misioneros como Gobelli o Giannechini, o hasta etn&#xf3;logos reconocidos como Nordenski&#xf6;ld o M&#xe9;traux. </p>
		<p>La segunda parte del libro, en cambio, est&#xe1; dedicada al departamento de Santa Cruz, que en Cerceau parece funcionar como sin&#xe9;cdoque de todo el &#x201c;Oriente boliviano&#x201d;. Esta nueva etapa comprende tres viajes -la exploraci&#xf3;n del r&#xed;o Yapacan&#xed;, un viaje a las antiguas misiones jesu&#xed;ticas de Chiquitos y la expedici&#xf3;n al r&#xed;o Paragu&#xe1; en busca de &#xe1;rboles de goma el&#xe1;stica-, y es auspiciada por la prefectura de Santa Cruz y por diversos empresarios cruce&#xf1;os. A pesar de la mencionada idealizaci&#xf3;n del Oriente boliviano, su conocimiento de las antiguas misiones de Chiquitos es m&#xe1;s bien precario, y buena parte del texto recicla los mitos locales que circulan sobre la era del esplendor jesuita: el &#xfa;ltimo fraile oculto tras la expulsi&#xf3;n de 1767, los tesoros perdidos en medio del monte, la presunta riqueza sin fin de recursos minerales. De hecho, es evidente que tanto la percepci&#xf3;n de Cerceau del per&#xed;odo jesu&#xed;tico como asimismo del eventual potencial econ&#xf3;mico de la zona se ven tamizadas por la agenda de la explotaci&#xf3;n minera.</p>
		<p>Otro leitmotiv de estas &#xfa;ltimas p&#xe1;ginas se comprende mejor a la luz de su vocaci&#xf3;n de ingeniero. Si por un lado Cerceau se involucra en un proyecto de reparaci&#xf3;n del antiguo colegio misional de la iglesia de San Jos&#xe9;, por el otro es innegable que estas expediciones se inscriben en un proceso hist&#xf3;rico de alcance m&#xe1;s general, que es la constante b&#xfa;squeda cruce&#xf1;a de v&#xed;as m&#xe1;s eficientes de comunicaci&#xf3;n y de salida hacia el Atl&#xe1;ntico. A nivel personal este anhelo se plasma en una suerte de utop&#xed;a modernista, cifrada en el dise&#xf1;o de una red panamericana de v&#xed;as ferroviarias que a su vez traduce las l&#xed;neas de fuerza de una particular agenda geopol&#xed;tica: Cerceau sue&#xf1;a que, mediante concesiones en Brasil, Argentina, Bolivia y Paraguay, la infraestructura ferroviaria se transforme en un factor estrat&#xe9;gico del comercio y las comunicaciones sudamericanas garantizando la influencia francesa frente a las pretensiones monop&#xf3;licas de los Estados Unidos. </p>
		<p>Cerceau termina de escribir su manuscrito en Rosario, presumiblemente con la esperanza de que lo publique la Sociedad de Geograf&#xed;a de Par&#xed;s. Solo para dar una idea del tono de la exposici&#xf3;n, copio unas l&#xed;neas que combinan el paternalismo, la pulsi&#xf3;n exotizante, las precariedades que dan forma material a la aventura boliviana y hasta la <italic>hubris</italic> colonial: &#x201c;Toda mi gente se dispers&#xf3; de inmediato en las chichas y era imposible juntarla. Camacho permaneci&#xf3; tres d&#xed;as escondido entre su familia. El sargento P&#xe9;rez tuvo discusiones a mano armada con los habitantes. Osuna, a quien hab&#xed;a mandado a buscarlo, no volv&#xed;a. Cada vez que ten&#xed;a a tres hombres juntos me faltaban cuatro. Vali&#xe9;ndose de la ausencia de &#xf3;rdenes, el corregidor se negaba a darme v&#xed;veres y requisar los dos burros que ped&#xed;a. En fin. En un momento en que logr&#xe9; reunir a los tres militares, di una orden escrita a Osuna para que arrestara al corregidor y lo mantuviese encarcelado hasta conseguir lo que necesitaba. Obtuvimos los burros y algunos v&#xed;veres y ten&#xed;amos que salir al d&#xed;a siguiente. Hab&#xed;a invitado a Osuna y P&#xe9;rez a una especie de banquete que hice durar hasta la madrugada para que no se me escapasen en la noche. En vano. En la ma&#xf1;ana los burros no estaban en el corral donde los hab&#xed;amos encerrado. Hab&#xed;a que volver a empezar. No pod&#xed;a culpar al corregidor que, en cuanto fue liberado, se hab&#xed;a escapado o escondido. Sin embargo, hab&#xed;a que acabar con todo eso. Mientras todas las casas estaban todav&#xed;a cerradas y los habitantes dormidos, orden&#xe9; agarrar y cargar a los dos primeros burros que se encontrasen, sin importar quienes eran sus due&#xf1;os. Dicho y hecho, salimos para Pampagrande&#x201d; (pp. 157-158). </p>
		<p>Al reconstruir la biograf&#xed;a de Cerceau, los editores reconocen las brechas documentales y a la vez se preocupan por ir m&#xe1;s all&#xe1; de ciertas claves de interpretaci&#xf3;n tan frecuentes en la literatura que, a esta altura del partido, parecen ya casi trivialidades: la d&#xed;ada civilizaci&#xf3;n/barbarie, el evolucionismo, los prejuicios coloniales o sexistas. Para lograrlo, intentan desmarcar a Cerceau del canon del naturalismo establecido por figuras como Castelnau, Thouar, Crevaux o Weddell, e identifican las trazas particulares que diferencian su manuscrito de los de otros viajeros de la &#xe9;poca. En efecto, sin dejar de traslucir las pretensiones culturales de cualquier viajero culto, no puede decirse que la suya sea la t&#xed;pica narraci&#xf3;n naturalista: m&#xe1;s all&#xe1; de alguna experticia sobre mineralog&#xed;a, el texto evidencia el desconocimiento de cuestiones etnogr&#xe1;ficas, hist&#xf3;ricas, zool&#xf3;gicas, bot&#xe1;nicas, cartogr&#xe1;ficas y hasta geogr&#xe1;ficas. Al mismo tiempo, los editores sugieren que la experiencia personal tuvo un impacto excesivo en la elecci&#xf3;n de los temas y la propia redacci&#xf3;n del manuscrito. As&#xed;, por ejemplo, Cerceau no habr&#xed;a escrito sobre sus viajes andinos porque su experiencia en las tierras altas no le brind&#xf3; el pintoresquismo o las aventuras que tan fervientemente anhelaba, y ese exceso de subjetividad parece haber sido el obst&#xe1;culo que habr&#xed;a impedido la publicaci&#xf3;n del texto en los anales de la sociedad geogr&#xe1;fica parisina. Al transcribir, traducir y publicar su relato de viaje, los editores reparan aquella omisi&#xf3;n, dan una nueva oportunidad insospechada a los sue&#xf1;os de Cerceau y -lo que es sin duda motivo de celebraci&#xf3;n- los ponen a disposici&#xf3;n de los lectores hispanohablantes.</p>
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